Escucha la parábola de la fraternidad de los pescadores sin peces.
Los pescadores estaban rodeados de arroyos y lagos llenos de peces. Hambrientos, se reunían a menudo para discutir el llamado a pescar, la abundancia de peces y la emoción que les causaba la pesca. Les entusiasmaba mucho pescar.
Alguien sugirió que necesitaban una filosofía de pesca, así que definieron y redefinieron cuidadosamente la pesca. También desarrollaron estrategias y tácticas, e iniciaron estudios, investigaciones y conferencias sobre la pesca. Algunos vinieron de lejos para estudiar diversos tipos de peces con diferentes hábitos. Algunos obtuvieron doctorados en “pescadología”, pero ninguno había ido a pescar.
Se formó un comité para enviar pescadores. Cuando los lugares para pescar fueron más numerosos que los pescadores disponibles, el comité determinó prioridades. Se publicó una lista con los lugares de pesca en el tablón de anuncios y en todos los pasillos, pero aun así nadie fue a pescar.
Se realizó una encuesta para saber por qué. La mayoría no respondió, pero los que sí lo hicieron dijeron que se sentían llamados a estudiar los peces. Otros afirmaron que habían sido llamados a proveer equipos de pesca, y varios más a alentar a los pescadores. Con tantas reuniones, conferencias y seminarios, simplemente no tenían tiempo para ir a pescar.
Entonces llegó Jake. Como era nuevo en la fraternidad de pescadores, después de asistir a una reunión fue a pescar y capturó un pez enorme. En la siguiente reunión contó su historia y fue reconocido por su hazaña. Le dijeron que tenía el don de la pesca.
Entonces programaron charlas para que compartiera cómo lo había logrado. Con todas las invitaciones y su nombramiento a la junta directiva, Jake ya no tuvo tiempo para ir de pesca.
Al poco tiempo comenzó a sentirse inquieto y vacío. Añoraba volver a sentir el tirón de la caña de pescar. Así que canceló sus charlas, renunció a la junta y le dijo a un amigo: “Hey, vámonos de pesca”.
Y eso fue exactamente lo que hicieron. Fueron a pescar y atraparon peces.
La fraternidad contaba con muchos miembros. Había muchos peces, pero los pescadores eran pocos.
En Marcos 1:17 Jesús dijo: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres”.
Cuando se trata de evangelizar, ¿eres un pescador que no pesca? Si ese es el caso, no tengas miedo de seguir a Jesús. Puedes confiar en Él, porque Él te hará un pescador de hombres.
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